Información principal
Un absceso anal requiere valoración y tratamiento oportunos
Puede ser visible alrededor del ano o localizarse en tejidos profundos. El tratamiento principal consiste en drenar la colección de pus; los antibióticos se utilizan en casos seleccionados y, por sí solos, generalmente no sustituyen el drenaje.
Síntomas frecuentes
¿Qué puede hacer sospechar un absceso?
Puede presentarse como una inflamación visible y dolorosa alrededor del ano o localizarse en tejidos más profundos, por lo que no siempre se observa o se palpa externamente.
¿Cuáles son los síntomas de un absceso anal?
El síntoma más frecuente es un dolor anal intenso y constante, que puede aumentar al sentarse, caminar, toser o evacuar.
También pueden presentarse:
Inflamación o aparición de un bulto cerca del ano.
Enrojecimiento y sensación de calor en la zona.
Dolor intenso al tocar el área afectada.
Salida de pus o secreción.
Fiebre o escalofríos.
Cansancio, debilidad o malestar general.
Los abscesos profundos pueden provocar dolor en el recto o la pelvis sin que exista una inflamación visible alrededor del ano.
Localización anatómica
Cuatro tipos de abscesos anorrectales
La profundidad y el espacio donde se desarrolla la infección influyen en los síntomas, el diagnóstico y el tratamiento.
Debajo de la piel alrededor del ano; suele ser visible, rojo y doloroso.
Entre los músculos del esfínter; puede provocar dolor profundo sin inflamación externa evidente.
Se extiende a tejidos profundos a un lado del conducto anal y puede acompañarse de fiebre.
Se localiza en una región profunda de la pelvis y puede requerir estudios de imagen.
Tipos de abscesos anorrectales
Los abscesos se clasifican de acuerdo con el espacio anatómico en el que se desarrolla la infección:
Absceso perianal: se encuentra debajo de la piel que rodea el ano y suele manifestarse como una zona inflamada, roja y muy dolorosa.
Absceso interesfintérico: se localiza entre los músculos del esfínter anal y puede ocasionar dolor profundo sin una inflamación externa evidente.
Absceso isquiorrectal: se extiende hacia los tejidos profundos ubicados a un lado del conducto anal y puede producir dolor intenso, fiebre y malestar general.
Absceso supraelevador: se localiza en una región más profunda de la pelvis, por encima de los músculos elevadores del ano. Su diagnóstico puede requerir estudios de imagen.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico se realiza mediante la valoración de los síntomas y una exploración cuidadosa de la región anal.
Cuando el absceso se encuentra en una zona profunda, no es visible o existen dudas sobre su extensión, el especialista puede solicitar estudios como ultrasonido, tomografía computarizada o resonancia magnética.
Control de la infección
El tratamiento principal es drenar la colección de pus
El procedimiento se adapta a la ubicación y profundidad del absceso.
¿Cuál es el tratamiento de un absceso anal?
El tratamiento principal consiste en realizar una incisión para drenar la colección de pus. Cuando es necesario, también se retira el tejido dañado o necrótico para controlar la infección y favorecer la recuperación.
Generalmente, la herida se deja abierta para permitir que continúe drenando y cicatrice progresivamente desde el interior hacia la superficie. Dependiendo de la ubicación y profundidad del absceso, el procedimiento puede efectuarse de forma ambulatoria o mediante una corta estancia.
Los antibióticos pueden indicarse en casos seleccionados, como cuando existe fiebre, infección extendida alrededor del absceso, defensas bajas u otras condiciones médicas. Sin embargo, por sí solos generalmente no sustituyen el drenaje.
¿Un absceso puede convertirse en fístula?
Después del drenaje, algunos pacientes pueden desarrollar una fístula anal: un conducto anormal que conecta el interior del ano con la piel cercana.
La aparición recurrente de inflamación, dolor o salida de pus por un orificio cercano al ano puede indicar la presencia de una fístula y requiere una nueva valoración con el coloproctólogo.
¿Cuándo se necesita atención médica?
Es importante buscar atención médica si aparece dolor anal intenso y constante, inflamación, secreción de pus, fiebre o malestar general.
Un absceso anal no debe exprimirse, perforarse ni tratarse únicamente con remedios caseros. La valoración y el drenaje oportunos ayudan a controlar la infección y reducir el riesgo de complicaciones.

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